Bernarda Silvia Carrizo, desde su silla de ruedas, le pidió al tribunal que creyera en su palabra. "Yo no he matado a mi hijo. Tengo 66 años y no conozco algún caso así. Si no estoy llorando es porque estoy imposibilitada de hacerlo. Pero mi corazón está dolorido", expresó con voz tenue.

Con su relato, trató de persuadir a los magistrados de que David Gustavo Carrizo se había suicidado de un disparo en la cabeza. Pero los jueces, luego de valorar las pruebas, concluyeron que la acusada no decía la verdad.

Los miembros de la sala V de la Cámara Penal, con un voto en disidencia, condenó a Bernarda Carrizo a prisión perpetua por el crimen de su hijo. Debido a su edad y a que sufre una enfermedad crónica, la mujer purgará la pena en su casa, sin custodia.

La mañana del 18 de marzo de 2007, David llegó a su casa, situada en pasaje Superí al 2.200, cerca de Villa Alem. Su madre estaba recostada en su cuarto cuando el muchacho entró a su dormitorio. Preocupado, le preguntó si había visto su teléfono celular. Ella le contestó que no. Los investigadores sospechan que el joven estaba ebrio. Y, según sus familiares, cuando bebía se tornaba agresivo. Por eso, la hipótesis de la fiscala Adriana Giannoni era que el muchacho había amenazado de muerte a su madre y se marchó del dormitorio. Ella, según la imputación judicial, fue hacia la cocina, buscó un viejo revólver calibre 22 largo, y remató de un tiro en la sien a su hijo.

Esa mañana, el primero en llegar a la casa fue Juan Carlos Puentes. El, con la ayuda de una persona que pasaba por la vereda, puso a su hermano David en la cama. Luego lo llevaron al Hospital Padilla, donde murió poco después.

Desde entonces, Bernarda Carrizo dio la misma versión. "El siempre me decía: ?mamá, yo me voy a matar; yo me voy a matar?", les dijo a los vocales AlfredoBarrionuevo, AliciaFreidenberg y Emilio Páez de la Torre. Luego, explicó que padecía una enfermedad crónica y que estaba imposibilitada de realizar esfuerzos, pues se cayó de un colectivo en marcha en 1997.

La fiscala de Cámara, Marta Jerez de Rivadeneira, no dudó en señalar que la acusada era culpable del crimen de su hijo. "Ella era la única que estaba con él en la casa cuando se produjo el hecho", comenzó la representante del Ministerio Público su alegato. Luego, puso énfasis en algunas pericias que se realizaron durante la pesquisa. "Los peritos explicaron que, debido a una rotura que tenía el cañón, la persona que hubiera accionado el arma presentaría residuos de pólvora en las manos. El test de parafina practicado a la víctima dio negativo. El único caso positivo fue el de la imputada", dijo la fiscala. Luego, pidió la pena de prisión perpetua para la sospechosa.

Alejandro Coria y Carlos Picón sostuvieron que la mujer es inocente y cuestionaron las pericias. "A la señora Carrizo le hicieron el estudio de parafina ocho horas después del hecho, y la prueba sólo es confiable si se practica dentro de las dos primeras horas", dijo Coria. "El test sólo le dio positivo en una mano", agregó Picón.

"Si me condenan, será una injusticia", dijo Bernarda Carrizo antes de escuchar la sentencia. Sólo la jueza Freidenberg creyó que no debía ser condenada. Resignada, junto a sus hijas que lloraban, la mujer regresó a su casa.